Durante los años 1980 y 2000, el Perú se enfrentó a un periodo de violencia, donde el miedo primaba en toda la sociedad civil. Como consecuencia de esto, muchos peruanos y peruanas desaparecieron. El último reporte del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y Sitios de Entierro (RENADE), emitido en noviembre del 2023, ha identificado que más de 22,500 personas aún se encuentran en condición de desaparecidas, siendo Ayacucho el departamento que más casos reporta.
Tras más de 40 años, los familiares de las personas desaparecidas persisten en su búsqueda; sin embargo, ¿a qué consecuencias se ven enfrentados?
1. Efecto psicológico:
La familia y los amigos de las personas desaparecidas experimentan sentimientos entre la esperanza y la desesperación, cavilando y esperando, a veces durante años, noticias que quizá no lleguen. Sin embargo, a su vez, mantienen la esperanza de reencontrarse con ellos en algún momento.
2. Proyecto de vida afectado:
Las familias a menudo afrontan enormes consecuencias económicas, especialmente cuando la persona desaparecida era el principal sustento de la familia. Incluso cuando no lo era, muchas familias se encuentran en situaciones económicas complejas durante la búsqueda.
3. Reasignación de roles en la dinámica familiar:
Tras la falta de un rol familiar, los otros miembros se ven en la obligación de reasignarse responsabilidades para las que, tal vez, aún no se encontraban preparados. Por ejemplo, en ocasiones son los hijos los que deben asumir el rol de padre o madre en la familia, ya que la persona encargada está ausente.
La Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas (DGBPD) debe brindar acompañamiento psicosocial y apoyo logístico a los familiares de las personas desaparecidas durante todo el proceso de búsqueda.
